{"id":1246,"date":"2018-02-06T18:17:59","date_gmt":"2018-02-06T18:17:59","guid":{"rendered":"http:\/\/puenteromano.net\/?post_type=project&#038;p=1246"},"modified":"2020-02-20T12:42:52","modified_gmt":"2020-02-20T12:42:52","slug":"yamaa-el-fna-patrimonio-de-la-humanidad","status":"publish","type":"project","link":"https:\/\/puenteromano.net\/index.php\/project\/yamaa-el-fna-patrimonio-de-la-humanidad\/","title":{"rendered":"Yamaa el Fna, Patrimonio de la Humanidad"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; fullwidth=\u00bbon\u00bb _builder_version=\u00bb3.22&#8243;][et_pb_fullwidth_header title=\u00bbLa plaza de Yamaa el Fna, en Marraquech (Marruecos)\u00bb subhead=\u00bbPatrimonio de la Humanidad\u00bb _builder_version=\u00bb3.16&#8243; background_color=\u00bbrgba(255, 255, 255, 0)\u00bb background_layout=\u00bblight\u00bb button_one_text_size__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_text_size__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_one_text_color__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_text_color__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_one_border_width__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_border_width__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_one_border_color__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_border_color__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_one_border_radius__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_border_radius__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_one_letter_spacing__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_letter_spacing__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_one_bg_color__hover_enabled=\u00bboff\u00bb button_two_bg_color__hover_enabled=\u00bboff\u00bb][\/et_pb_fullwidth_header][et_pb_fullwidth_image src=\u00bbhttps:\/\/puenteromano.net\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Marrakech-de-Luc-Viatour.jpg\u00bb _builder_version=\u00bb3.0.100&#8243;][\/et_pb_fullwidth_image][\/et_pb_section][et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; _builder_version=\u00bb4.3.2&#8243;][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.3.2&#8243;][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.3.2&#8243;][et_pb_video src=\u00bbhttps:\/\/www.youtube.com\/watch?v=nygSUAwYRYk\u00bb _builder_version=\u00bb4.3.2&#8243; hover_enabled=\u00bb0&#8243; thumbnail_overlay_color=\u00bbrgba(0,0,0,0.6)\u00bb][\/et_pb_video][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section][et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; _builder_version=\u00bb3.22&#8243;][et_pb_row _builder_version=\u00bb3.25&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb3.25&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb][et_pb_accordion _builder_version=\u00bb3.0.100&#8243;][et_pb_accordion_item title=\u00bbLa defensa de las culturas amenazadas\u00bb open=\u00bbon\u00bb open_toggle_text_color=\u00bb#000000&#8243; _builder_version=\u00bb3.0.100&#8243;]<b>Juan Goytisolo<\/b><\/p>\n<p>Para aprehender de modo cabal la correlaci\u00f3n entre la cultura oral y la originada por la escritura debemos partir de nuestros conocimientos hist\u00f3ricos sobre ambas, antes de adentrarnos en los cambios introducidos por la invenci\u00f3n de la tipograf\u00eda en 1440 y la moderna revoluci\u00f3n inform\u00e1tica.<\/p>\n<p>Mientras la existencia del homo sapiens y la consiguiente aparici\u00f3n del lenguaje se remontan, seg\u00fan los datos de que dispongo, a unos cuarenta o cincuenta mil a\u00f1os, las primeras manifestaciones escritas datan aproximadamente del 3500 antes de Cristo, fecha de las inscripciones sumerias de Mesopotamia. Esto es, el periodo que abarca la oralidad primaria -as\u00ed denominada por Walter Ong en su obra fundamental sobre el tema- es casi diez veces mayor que el de la escritura. Y a estas cifras reveladoras de la antig\u00fcedad del patrimonio oral de la especie humana debemos a\u00f1adir otros factores que nos ayudan a comprender la interacci\u00f3n entre la tradici\u00f3n oral y la expresi\u00f3n escrita, y el creciente desequilibrio que la caracteriza: de los tres mil idiomas hablados hoy en el mundo, \u00fanicamente 78 poseen una literatura viva, fundada en alguno de los 106 alfabetos creados a lo largo de la historia. En otras palabras: centenares y centenares de lenguas empleadas actualmente en nuestro planeta carecen de escritura y su comunicaci\u00f3n es exclusivamente oral.<\/p>\n<p>Abordar el conocimiento de esta oralidad primaria es una labor antropol\u00f3gica que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de mis modestas incursiones en el campo de la literatura y del relato oral. Si bien todas las culturas se basan en el lenguaje, es decir, en un conjunto de sonidos hablados y o\u00eddos, esta comunicaci\u00f3n oral -que abarca, como vamos a ver, numerosos elementos quin\u00e9sicos y corporales- ha experimentado a lo largo de los siglos una serie de cambios conforme la existencia de la escritura y la conciencia de \u00e9sta alteran paulatinamente la mentalidad del rapsoda o narrador. En el mundo actual de los medios de comunicaci\u00f3n de masas es dif\u00edcil hallar ya depositarios de una tradici\u00f3n oral absolutamente &#8216;incontaminados&#8217; por la escritura y su soporte tecnol\u00f3gico y visual. Como prueba mi h\u00e1bito de oyente en la plaza de Marraquech, los halaiqu\u00eds (cuentistas) act\u00faan en el marco de una sociedad mutante y ansiosa de instrucci\u00f3n que suele mirar por encima del hombro a quienes -ajenos a una educaci\u00f3n vinculada casi exclusivamente a la pr\u00e1ctica de las normas competitivas vigentes en la Aldea Global- conservan y memorizan para el futuro los relatos del pasado. In\u00fatil decir que esta percepci\u00f3n sesgada y err\u00f3nea de la tradici\u00f3n oral parte de una confusi\u00f3n que debemos tener muy en cuenta: cultura e instrucci\u00f3n no son t\u00e9rminos id\u00e9nticos, y por ello mismo los depositarios del saber oral pueden ser, y a veces son, m\u00e1s cultos que algunos de sus compatriotas adiestrados tan s\u00f3lo en el manejo de las t\u00e9cnicas audiovisuales e inform\u00e1ticas. Pero en un mundo subyugado por la ubicuidad de estas \u00faltimas, la cultura oral, ya sea primaria o h\u00edbrida, corre un grave peligro y justifica una movilizaci\u00f3n internacional para preservarla de una progresiva extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Me referir\u00e9 para ello a la halca de Xem\u00e1a el Fn\u00e1, tal como la encontr\u00e9 hace un cuarto de siglo. Los depositarios de la tradici\u00f3n oral ten\u00edan ya plena conciencia de sus limitaciones respecto a la cultura escrita y esta conciencia se traduc\u00eda en una vasta gama de situaciones, fruto de la avasalladora influencia de la segunda en la primera. Los rapsodas y cuentistas en ber\u00e9ber -cuyas cuatro variantes habladas no poseen un alfabeto com\u00fan y carecen pr\u00e1cticamente de escritura salvo en caracteres \u00e1rabes- sol\u00edan ser analfabetos y sus conocimientos religiosos se limitaban a una memorizaci\u00f3n de las principales suras del Cor\u00e1n. Los gnaua, descendientes de las antiguas cofrad\u00edas de esclavos del \u00c1frica subsahariana, mezclaban -y mezclan- en sus himnos y oraciones rituales el \u00e1rabe y el bembera. Pero tanto los ber\u00e9beres imazghen o sus\u00edes como los gnaua escuchaban la radio, pose\u00edan radiocasetes y comenzaban a habituarse a la televisi\u00f3n. La &#8216;contaminaci\u00f3n&#8217; de las nuevas tecnolog\u00edas creaba as\u00ed una de esas fases h\u00edbridas que, en distintos grados y formas, hallamos hoy en todo el planeta.<\/p>\n<p>Citar\u00e9 el ejemplo de tres juglares: mientras Cherkaui -el de la halca &#8216;de las palomas&#8217;- es pr\u00e1cticamente analfabeto y su &#8216;di\u00e1logo de los p\u00e1jaros&#8217; reproduce un esquema memorizado con su maestro &#8216;el Ciego&#8217;, Abdeslam, m\u00e1s conocido por el nombre de Saruk, estudi\u00f3 en su ni\u00f1ez en una zagu\u00eda hasta convertirse en fqih (letrado o conocedor del Libro revelado) y sol\u00eda enlazar historias de su invenci\u00f3n o experiencia con versos cor\u00e1nicos. En cuanto al &#8216;Doctor de los Insectos&#8217;, cuyo ingenio verbal y dotes de repentista cautivaron a su auditorio durante dos d\u00e9cadas, parodiaba a menudo la langue de bois de los informativos de la radio y televisi\u00f3n de su pa\u00eds. As\u00ed, en la Plaza de Marraquech, hab\u00eda y hay a\u00fan narradores y rapsodas semianalfabetos, due\u00f1os de una rica tradici\u00f3n oral basada a veces en textos escritos y codificados, y otros que se serv\u00edan y sirven de la cultura gr\u00e1fica para inyectar nueva vida en sus relatos.<\/p>\n<p>Esta gran variedad de contactos y \u00f3smosis entre la oralidad primaria y las diversas manifestaciones de la escritura, imprenta y las nuevas tecnolog\u00edas con soporte oral (radio, televisi\u00f3n, casetes&#8230;) fue para m\u00ed de un gran aliciente en la medida en que me ayud\u00f3 a abandonar esquemas r\u00edgidos y fronteras fijas entre la tradici\u00f3n oral primitiva y la originada por el alifato (esto es, el alfabeto \u00e1rabe). En unas ocasiones, me hallaba ante un recitado de textos escritos -si bien de origen oral- memorizados palabra por palabra (Las mil y una noches, cantares de gesta como la Antar\u00eda&#8230;). En otros, ante narraciones y preces tradicionales ber\u00e9beres y gnaua, as\u00ed como improvisaciones sobre temas de actualidad m\u00e1s o menos conectadas con la tecnolog\u00eda de la &#8216;oralidad secundaria&#8217;, denominada as\u00ed por Walter Ong. Dicha oralidad secundaria se acompa\u00f1aba a su vez de un arte inmaterial fruto precisamente del encuadre concreto y material de la halca: muecas, gestos, pausas, risas, llanto, todos esos movimientos corporales y paraling\u00fc\u00edsticos propios de una situaci\u00f3n no exclusivamente oral y que son parte de un extraordinario patrimonio inmaterial ligado a la representaci\u00f3n p\u00fablica. Como advirti\u00f3 Cervantes, hay cuentos cuya gracia radica en el modo de contarlos, y por ello el \u00e9xito popular del hataiqu\u00ed depende menos del argumento, conocido casi siempre por el auditorio, que de sus artes y ma\u00f1as de improvisaci\u00f3n. En mi novela Makbara expuse lo mejor que supe y pude la \u00edndole proteiforme de este espect\u00e1culo que se dirige a la totalidad de nuestros sentidos: &#8216;Necesidad de alzar la voz, argumentar, pulir la labia, afinar el gesto, forzar la mueca que captar\u00e1n la atenci\u00f3n del viandante o desencadenar\u00e1n irresistiblemente su risa; cabriolas de payaso, agilidad de saltimbanquis, tambores y danzas gnaua, chillidos de monos, pregones de m\u00e9dicos y herbolarios, irrupci\u00f3n brusca de flautas y panderetas en el momento de pasar el platillo; inmovilizar, entretener, seducir a una masa eternamente disponible, imantarla poco a poco al territorio propio, distraerla del canto de sirena rival, arrancarle al fin el brillante dirham que premiar\u00e1 fortaleza, tes\u00f3n, ingeniosidad, virtuosismo&#8217;.<\/p>\n<p>El arte del juglar requiere la participaci\u00f3n de la vista y el o\u00eddo, pero en el per\u00edmetro de la Plaza, la multitud disfruta de todos sus sentidos: en los figones de quita y pon saborea los platos de cocina popular y aspira la diversidad de sus olores, mientras que la fraternidad concreta, igualitaria y directa del \u00e1mbito rompe la atomizaci\u00f3n urbana y propicia la inmediatez f\u00edsica. El espect\u00e1culo de Xem\u00e1a el Fn\u00e1 se repite a diario y cada d\u00eda es distinto. Cambian las voces, los sonidos, los gestos, el p\u00fablico que ve, escucha, huele, gusta, toca. El patrimonio oral se inscribe en otro -que podemos llamar inmaterial- mucho m\u00e1s vasto. La Plaza, en cuanto espacio f\u00edsico, alberga un rico patrimonio oral e inmaterial.<\/p>\n<p>Mi experiencia, por min\u00fascula que sea en proporci\u00f3n a la magnitud del tema, aliment\u00f3 mi inter\u00e9s por el estudio del texto literario y su entronque proteiforme con la oralidad. La hibridez entre estos dos elementos y la implicaci\u00f3n de los cinco sentidos del ser humano en una creaci\u00f3n popular como la de la halca facilit\u00f3, por citar un ejemplo, mi mejor comprensi\u00f3n de la din\u00e1mica de los trasvases entre la \u00e9pica tradicional pre-hom\u00e9rica y los textos de La Il\u00edada y La Odisea que actualmente leemos, trasvases magistralmente analizados por Milman Parry en su ya cl\u00e1sica obra The Making of Homeric Verse.<\/p>\n<p>Su demostraci\u00f3n concluyente de que los hex\u00e1metros de Homero obedec\u00edan a las exigencias de su recitado en el \u00e1gora -una situaci\u00f3n espec\u00edfica que impon\u00eda el recurso a ep\u00edtetos, dichos, frases y f\u00f3rmulas f\u00e1ciles de memorizar- ha abierto el camino, como sabemos, en las \u00faltimas d\u00e9cadas a una investigaci\u00f3n fecunda del origen y evoluci\u00f3n de los himnos v\u00e9dicos, el relato b\u00edblico y sus literaturas europeas de la Baja Edad Media. Este planteamiento pluridisciplinario enriqueci\u00f3 en especial mi lectura de la literatura espa\u00f1ola anterior a la invenci\u00f3n de la imprenta: la del mester de juglar\u00eda de los diversos cancioneros populares y de esta obra maestra que es el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita. En la Plaza de Marraquech pude contextualizar algunos episodios del \u00faltimo y rescatarlo del tarro de formol de una erudici\u00f3n tal vez necesaria, pero a todas luces insuficiente: las burlas del juglar (autor o recitador) no caben, desde luego, en el formato requerido por las normas ortogr\u00e1ficas del poema.<\/p>\n<p>Aunque las exigencias de estructura gramatical y de disposici\u00f3n de la imprenta en las p\u00e1ginas de un libro requieran en nuestros d\u00edas la visualizaci\u00f3n de lo escrito por parte del autor, ello no excluye, no obstante, la neta conciencia en \u00e9ste de la prosodia y el efecto sonoro de las palabras. Si eso es evidente en el campo de la poes\u00eda (los poetas dependen del o\u00eddo en mayor medida que los prosistas), hasta el punto que grandes poetas objeto de la violencia inquisitorial de Estados totalitarios salvaron sus versos gracias a su memorizaci\u00f3n por pr\u00f3ximos y allegados (tal fue el caso de San Juan de la Cruz en la Espa\u00f1a del siglo XVI y de Osip Mandelstam en la difunta Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica), debemos tener bien presente el hecho de que algunos novelistas de hoy, siguiendo el ejemplo de Joyce, C\u00e9line, Arno Schmidt, Gadda, Guimaraes Rosa&#8230;, escriben textos polif\u00f3nicos cuya lectura ideal ser\u00eda una lectura en voz alta. No ya como los juglares del Medievo o de la Plaza de Marraquech, sino en el silencio de una habitaci\u00f3n o gabinete de trabajo: un \u00e1mbito puramente mental que puede concretarse m\u00e1s tarde en lecturas privadas o p\u00fablicas. Mis novelas Makbara y Las virtudes del p\u00e1jaro solitario privilegian esta oralidad soterrada que subsiste en la escritura aunque de forma irremediablemente distinta de la de los juglares de la precaria tradici\u00f3n oral de nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>La adopci\u00f3n por la Unesco del nuevo concepto de Patrimonio Oral e Inmaterial abre as\u00ed un camino para la preservaci\u00f3n de la cultura oral de centenares de idiomas carentes de grafolecto y estimula el estudio diacr\u00f3nico de los innumerables cruces y situaciones intermedias originados por la influencia en aqu\u00e9lla de la escritura, la imprenta y los modernos medios audiovisuales e inform\u00e1ticos.<\/p>\n<p>La labor es ingente, dado el vasto y complejo mosaico de lenguas y culturas amenazadas tanto en Iberoam\u00e9rica como en \u00c1frica, en Asia como en Ocean\u00eda. Y debemos cumplirlo con plena conciencia de los riesgos que acechan a tal empresa: estas culturas y lenguas son patrimonios vivos y hay que evitar la trampa de museizarlos y de convertirnos en antrop\u00f3logos que, como dijo un intelectual mexicano, &#8216;ven a los pueblos como f\u00f3siles culturales&#8217;. Nuestra acci\u00f3n tiene que ser as\u00ed leve y discreta, la de una protecci\u00f3n de las distintas manifestaciones culturales de los 3.000 idiomas hablados en el planeta y de sus &#8216;tesoros vivos&#8217; que excluya la creaci\u00f3n de &#8216;reservas ind\u00edgenas&#8217; salvo en casos de necesidad extrema, esto es, los de levantar un acta de defunci\u00f3n tras grabar y filmar su agon\u00eda para los museos antropol\u00f3gicos de las grandes metr\u00f3polis del Primer Mundo.<\/p>\n<p>\u00a9 EL PAIS Internacional, SA. Todos los derechos reservados.<br \/>\n[\/et_pb_accordion_item][et_pb_accordion_item title=\u00bbLa Plaza de Marraquech, patrimonio oral de la humanidad\u00bb open_toggle_text_color=\u00bb#000000&#8243; _builder_version=\u00bb3.0.100&#8243; open=\u00bboff\u00bb]<b>Juan Goytisolo <\/b>(Barcelona, 1931; Marrakech, 1917)<\/p>\n<p>_________<\/p>\n<p>Como muestra Bajt\u00edn en su admirable estudio sobre el mundo y la obra de Rabelais, hubo una \u00e9poca en la cual lo real e imaginario se confund\u00edan, los nombres suplantaban las cosas que designan y las palabras inventadas se asum\u00edan al pie de la letra: crec\u00edan, lozaneaban, se ayuntaban y conceb\u00edan como seres de carne y hueso. El mercado, la plaza, el espacio p\u00fablico, constitu\u00edan el lugar ideal de su germinaci\u00f3n festiva. Los discursos se entremezclaban, las leyendas se viv\u00edan, lo sagrado era objeto de burla sin cesar de ser sagrado, las parodias m\u00e1s \u00e1cidas se compaginaban con la liturgia, el cuento bien hilvanado dejaba al auditorio suspenso, la risa preced\u00eda a la plegaria y \u00e9sta premiaba al juglar o feriante en el momento de pasar el platillo. El universo de chamarileros y azacanes, artesanos y mendigos, p\u00edcaros y chalanes, birleros de calla callando, galopines, chiflados, mujeres de virtud escasa, ga\u00f1anes de andar a la morra, pilluelos de a puto el postre, buscavidas, curanderos, cartom\u00e1nticas, santurrones, doctores de ciencia infusa, todo ese mundo abigarrado, de anchura desenfadada, que fue enjundia de la sociedad cristiana e isl\u00e1mica -mucho menos diferenciadas de lo que se cree- en tiempos de nuestro Arcipreste, barrido poco a poco o a escobazo limpio por la burgues\u00eda emergente y el Estado cuadriculador de ciudades y vidas es s\u00f3lo un recuerdo borroso de las naciones t\u00e9cnicamente avanzadas y moralmente vac\u00edas. El imperio de la cibern\u00e9tica y de lo audiovisual allana comunidades y mentes, disneyiza a la infancia y atrofia sus poderes imaginativos. S\u00f3lo una ciudad mantiene hoy el privilegio de abrigar el extinto patrimonio oral de la humanidad, tildado despectivamente por muchos de \u00abtercermundista\u00bb. Me refiero a Marraquech y a la plaza de Xema\u00e1-El-Fn\u00e1, junto a la cual, a intervalos, desde hace veinte a\u00f1os, gozosamente escribo, medineo y vivo.<\/p>\n<p>Sus juglares, artistas, saltimbanquis, c\u00f3micos y cuentistas son, de modo aproximativo, iguales en n\u00famero y calidad que en la fecha de mi llegada, la de la visita fecunda de Canetti y la del relato de viaje de los hermanos Tharaud, redactado sesenta a\u00f1os antes. Si comparamos su aspecto actual con las fotograf\u00edas tomadas a comienzos del Protectorado, las diferencias son escasas: inmuebles m\u00e1s s\u00f3lidos, pero discretos; aumento del tr\u00e1fico rodado; proliferaci\u00f3n vertiginosa de bicicletas; id\u00e9nticos, remolones, coches de punto. Los corrillos de chalanes se entreveran a\u00fan con la halca entre el humo vagabundo y hospitalario de las cocinas. El alminar de la Kutubia tutela inmutable la gloria de los muertos y existencia ajetreada de los vivos.<br \/>\nEn el breve segmento de unas d\u00e9cadas, aparecieron y desaparecieron las barracas de madera con sus despachos de refrescos, bazares y librer\u00edas de lance: un incendio acab\u00f3 con ellas y fueron trasladadas al floreciente Mercado Nuevo (s\u00f3lo los libreros sufrieron un cruel destierro a Bab Dukala y all\u00ed desmedraron y se extinguieron). Las compa\u00f1\u00edas de autocares sitas en el v\u00e9rtice de Riad Zit\u00fan -el traj\u00edn incesante de viajeros, almahales y pregoneros de billetes, cigarrillos y s\u00e1nguiches- se largaron tambi\u00e9n con su incentiva m\u00fasica a otra parte: la ordenada y flamante estaci\u00f3n de autobuses. Con los fastos del GATT, Xema\u00e1-El-Fn\u00e1 fue alquitranada, acicalada y barrida: el mercadillo que invad\u00eda su espacio a horas regulares y se esfumaba en un am\u00e9n a la vista de los emjazn\u00edes, emigr\u00f3 a m\u00e1s propicios climas. La Plaza perdi\u00f3 algo de behetr\u00eda y barullo, pero preserv\u00f3 su autenticidad.<\/p>\n<p>La muerte entretanto caus\u00f3 sus naturales estragos en las filas de sus hijos m\u00e1s distinguidos. Primero fue Bakchich, el payaso con el bonete de colgajos, cuya actuaci\u00f3n imantaba a diario al orbe insular de su halca a un apretado anillo de mirones, adultos y ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Luego Mamadh, el artista de la bicicleta, capaz de brincar del manillar al sill\u00edn sin dejar de dar vueltas y vueltas veloces en su c\u00edrculo m\u00e1gico de equilibrista. Hace dos a\u00f1os llam\u00f3 a la puerta de Saruh (Cohete), el majestuoso alfaqu\u00ed y p\u00edcaro goliardo, recitador de historias sabrosas de su propia cosecha sobre el c\u00e1ndido y astuto Xuh\u00e1: due\u00f1o de un lenguaje amplio y sin embarazo, sus tropos alusivos y elusivos vibraban como flechas en torno a la innombrable diana sexual. Su estampa imponente, cr\u00e1neo rasurado, barriga pontificia, se inscrib\u00edan en una antigua tradici\u00f3n del lugar, encarnada hace d\u00e9cadas por Berghut (la Pulga) y cuyos or\u00edgenes se remontan a tiempos m\u00e1s recios y \u00e1speros, cuando rebeldes y za\u00ednos a la augusta autoridad del sult\u00e1n pend\u00edan de escarmiento en ensangrentados garabatos o se mec\u00edan ante el pueblo silente y amedrentado en el siniestro \u00abcolumpio de los valientes\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s recientemente, me enter\u00e9 con retraso de la muerte accidental de Tabib Al Hacharat (Doctor de los insectos), a quien Mohamed Al Yamani consagr\u00f3 un bell\u00edsimo ensayo en la revista Horizons Maghrebins. Los adictos a Xema\u00e1-El-Fn\u00e1 conoc\u00edamos bien a ese hombrecillo de cabello ralo y alborotado que, entre sus cada vez m\u00e1s raras apariciones en p\u00fablico, caminaba tambale\u00e1ndose por los aleda\u00f1os de la Plaza y roncaba como una locomotora asm\u00e1tica bajo las arcadas de los figones y sus cocinas benignas. Su historia, compuesta de verdades y leyendas, emulaba a la de Saruh: tambi\u00e9n hab\u00eda escogido como \u00e9l la v\u00eda de la pobreza y erranza, pernoctado en cementerios y comisar\u00edas, pasado breves temporadas en la c\u00e1rcel -que \u00e9l denominaba \u00abHolanda\u00bb- por embriaguez p\u00fablica y, cuando se cansaba de Marruecos, dec\u00eda, empaquetaba sus haberes en un pa\u00f1uelo y se iba a \u00abAm\u00e9rica\u00bb -esto es, a los descampados contiguos al Holiday Inn-. Su genio verbal, narraciones fant\u00e1sticas, juegos de palabras, pal\u00edndromos, enlazaban sin saberlo con los Makamat de Al Hariri -lamentablemente ignorados por el casi siempre tullido y menesteroso arabismo oficial hispano- y compart\u00edan un \u00e1mbito literario que, como ha visto muy bien Shirley Guthrie, conecta las audacias de aqu\u00e9l con la \u00abest\u00e9tica del riesgo\u00bb de Raymond Roussel, los surrealistas y OULIPO. Sus parodias del diario hablado de la televisi\u00f3n, la receta del mayor tax\u00edn (estofado) del mundo, intercaladas de preguntas rituales al p\u00fablico, son un dechado de inventiva y humor. No me resisto a reproducir unos p\u00e1rrafos sobre las virtudes terap\u00e9uticas de los productos que aconsejaba al auditorio: no \u00abpolvillos de amor\u00bb ni \u00abzumos de jeringa\u00bb como los curanderos de oficio, sino vidrio molido o \u00e1mbar extra\u00eddo del culo del diablo&#8230;<br \/>\n\u00ab-\u00bfY el carb\u00f3n?<br \/>\n\u00bb-Muy \u00fatil para los ojos, para el grifo del \u00e1gata del iris del ojo, de la iluminaci\u00f3n gir\u00f3vaga del faro ocular. \u00a1Depositad el carb\u00f3n sobre el ojo enfermo, dejadlo actuar hasta que estalle, coged un clavo 700, hundidlo bien en la \u00f3rbita y cuando lo teng\u00e1is a punto en la mano podr\u00e9is ver a una distancia de 37 a\u00f1os luz!<br \/>\n\u00bb\u00bbSi ten\u00e9is pulgas en el est\u00f3mago, ratas en el h\u00edgado, una tortuga en el seso, cucarachas en las rodillas, una sandalia, un trozo de cinc, un revoltillo de polvor\u00edn, he encontrado un calcet\u00edn en casa de una mujer de Daudiyat. \u00a1Adivinad d\u00f3nde lo he hallado!<br \/>\n\u00bb-\u00bfD\u00f3nde?<br \/>\n\u00bb-\u00a1En el cerebro de un profesor!<\/p>\n<p>Pero la p\u00e9rdida m\u00e1s grave fue el cierre inesperado, durante Ramad\u00e1n del pasado a\u00f1o, del caf\u00e9 Matich: aunque ha corrido mucha agua desde entonces -lluvias, ramblazos, inundaciones- Xema\u00e1-EI-Fn\u00e1 no ha encajado todav\u00eda el golpe.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo definir lo indefinible, lo que por su \u00edndole proteica y cordialidad impregnadora escapa a todo esquema reductor? Su posici\u00f3n estrat\u00e9gica, en la esquina m\u00e1s concurrida de la Plaza, le convert\u00eda en el n\u00facleo de los n\u00facleos, en su verdadero coraz\u00f3n. El ojo avizor abarcaba desde \u00e9l todo su \u00e1mbito y atesoraba sus secretos: las ri\u00f1as, encuentros, saludos, trapazas, magreos de mano furtiva o de quienes arriman la vara all\u00ed donde hallan un hueco, correcorres, insultos, bordoneo itinerante de ciegos, rasgos de caridad. Apretujones del gent\u00edo, inmediatez de los cuerpos, espacio en perpetuo movimiento compon\u00edan la trama renovada de un filme sin fin. Alm\u00e1ciga de historias, semillero de an\u00e9cdotas, cent\u00f3n de moralidades con colof\u00f3n en pinza eran dieta diaria de sus asiduos. En \u00e9l se reun\u00edan m\u00fasicos gnaua, maestros de escuela, profesores de instituto, bazaristas, jayanes arrechos, peque\u00f1os traficantes, p\u00edcaros de gran coraz\u00f3n, vendedores de cigarrillos sueltos, periodistas, fot\u00f3grafos, extranjeros at\u00edpicos, pobres de solemnidad. La llaneza del trato los igualaba. En Matich se hablaba de todo y nada escandalizaba. El trujam\u00e1n regidor de la taifa pose\u00eda una s\u00f3lida cultura literaria y su atenci\u00f3n intermitente a la clientela no sorprend\u00eda sino a los novatos, enfrascado como estaba en la lectura de una traducci\u00f3n \u00e1rabe de Rimbaud.<\/p>\n<p>All\u00ed viv\u00ed la cristalizada tensi\u00f3n y devastadora amargura de la Guerra del Golfo, su cuarentena dura e inolvidable. Los turistas hab\u00edan desaparecido del horizonte y hasta los residentes a\u00f1ejos, con excepci\u00f3n de un pu\u00f1ado de exc\u00e9ntricos, no se aventuraban en el lugar. Un viejo maestro gnaui escuchaba las noticias del desastre con la oreja pegada a su radio port\u00e1til. Las terrazas panor\u00e1micas del Glacier y el Caf\u00e9 de France estaban desesperadamente vac\u00edas. Un sol rojo, heraldo de la matanza, se desangraba en los atardeceres y te\u00f1\u00eda agoreramente la Plaza.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pas\u00e9 en \u00e9l la Nochevieja m\u00e1s leve y po\u00e9tica de mi vida. Me hallaba sentado en su acera con un pu\u00f1ado de amigos y aguardaba bien abrigado la llegada del nuevo a\u00f1o. De pronto, como en un sue\u00f1o, asom\u00f3 por la esquina un carruaje sin carga en cuyo pescante un mozo consegu\u00eda a duras penas tenerse tieso. Su mirada embrumada se demor\u00f3 en una muchacha rubia acomodada en una de las mesas. Encandilado, afloj\u00f3 la presi\u00f3n de las riendas y el carro fren\u00f3 poco a poco su marcha hasta parar del todo. Como en una escena de cine mudo filmado a c\u00e1mara lenta, el modesto auriga saludaba a la bella y la invitaba a subir a su armatoste. Al fin se ape\u00f3, se aproxim\u00f3 a ella con paso incierto y con un trabajoso mad\u00e1m, mad\u00e1m, reiter\u00f3 el se\u00f1orial adem\u00e1n, el mayest\u00e1tico envite al Rolls o carroza real, a su land\u00f3 soberbio. La solicitud de los clientes arropaba su af\u00e1n, sus viejas prendas transmutadas en galas, el veh\u00edculo al\u00edgero de su gloria ef\u00edmera. Alguien intervino no obstante a cortar el idilio y le escolt\u00f3 del brazo a su puesto. El mozo no consegu\u00eda romper el hechizo, miraba atr\u00e1s, echaba besos y, para consolarse del fiasco, palme\u00f3 con inefable ternura los muslos de su yegua (hubo risas y v\u00edtores). Luego intent\u00f3 encaramarse al pescante, lo logr\u00f3 con esfuerzo y al punto cay\u00f3 de espaldas en la plataforma vac\u00eda, enroscado como una bola (nueva salva de aplausos). Varios voluntarios le enhestaron y, riendas en mano, esboz\u00f3 con los labios un \u00f3sculo de adi\u00f3s a la escandinava deidad, antes de perderse a un trote vivo en el mugriento y olvidadizo alquitr\u00e1n, en la melancol\u00eda de su ed\u00e9n deshecho. Desde la \u00e9poca feliz de las pel\u00edculas de Chaplin, no hab\u00eda disfrutado de una escena as\u00ed: tan delicada, on\u00edrica, embebida de humor, deliciosamente rom\u00e1ntica.<\/p>\n<p>Cerrado el caf\u00e9, los asiduos nos dispersamos como una di\u00e1spora de insectos privados de su hormiguero. Los gnaua se api\u00f1an de noche en el asfalto inclemente o se re\u00fanen en el tabuco de un viejo fonduk de Derb Dabach\u00ed. Los dem\u00e1s nos confortamos como podemos de la desaparici\u00f3n de aquel centro internacional de culturas, reviviendo episodios y lances de su m\u00edtico y esplendente pasado, como emigrados nost\u00e1lgicos en sus refugios provisionales de exilio.<\/p>\n<p>Pero Xema\u00e1-El-Fn\u00e1 resiste a los embates conjugados del tiempo y una modernidad degradada y obtusa. Los halcas no desmedran, emergen talentos nuevos y un p\u00fablico siempre hambriento de historias se apandilla jovial en torno a sus juglares y artistas. La incre\u00edble vitalidad del \u00e1mbito y su capacidad digestiva aglutinan lo disperso, suspenden temporalmente las diferencias de clase y de jerarqu\u00eda. Los autobuses cargados de turistas que, como cet\u00e1ceos, varan en \u00e9l son envueltos de inmediato en su telara\u00f1a fin\u00edsima y neutralizados por sus jugos g\u00e1stricos. Las noches de Ramad\u00e1n de este a\u00f1o han convocado a decenas de millares de personas en su centro y calzadas, alrededor de las cocinas de quita y pon y en el regateo a grito herido de zapatos, prendas de ropa, juguetes y chucher\u00edas. Al claror de las l\u00e1mparas de petr\u00f3leo, he cre\u00eddo advertir la presencia del autor de Gargant\u00faa, de Juan Ruiz, Chaucer, Ibn Zaid, Al Hariri, as\u00ed como de numerosos goliardos y derviches. La imagen zafia del bobo besuqueando su tel\u00e9fono celular no afea ni abarata la ejemplar nitidez de su egido. El fulgor e incandescencia del verbo prolongan su milagroso reinado. Mas a veces su vulnerabilidad me inquieta y el temor se agolpa en mis labios cifrado en una pregunta: \u00bfHasta cu\u00e1ndo?<br \/>\n[\/et_pb_accordion_item][et_pb_accordion_item title=\u00bbPatrimonio Oral\u00bb open_toggle_text_color=\u00bb#000000&#8243; _builder_version=\u00bb4.3.2&#8243; open=\u00bboff\u00bb]<\/p>\n<p><strong>CARLOS FUENTES<\/strong><\/p>\n<p>24 SEP 1997<br \/> Con el apoyo de Federico Mayor Zaragoza, el excelente director general de la Unesco, el escritor espa\u00f1ol Juan Goytisolo ha obtenido que la plaza central de Marraquech sea considerada como \u00abpatrimonio oral de la humanidad\u00bb. De visita esta semana en la ciudad marroqu\u00ed con mi viejo amigo Goytisolo, mi esposa y yo recorrimos varias veces el maravilloso espacio de la Djemaa el Fna: un z\u00f3calo cuya animaci\u00f3n no decae a ninguna hora del d\u00eda, pero que conoce su apogeo entre &#8216; el atardecer y la medianoche: cantantes, bailarines, acr\u00f3batas, encantadores de serpientes, vendedores, faquires comerciantes, voceros y, sobre todo, cuentistas, que re\u00fanen en un c\u00edrculo a sus escuchas , le dan a la plaza una vitalidad asombrosa y justifican la iniciativa de Goytisolo y el espaldarazo de Mayor_y la Unesco.Goytisolo vive en la Medina de Marraquech desde hace tres lustros, conoce de nombre a sus habitantes y ellos lo saludan con camarader\u00eda a \u00e9l; el novelista, defensor y promotor desde siempre de la herencia \u00e1rabe de Espa\u00f1a, habla la lengua y conoce la riqueza de la tradici\u00f3n oral que se concentra en Djernaa el Fna: es una voz milenaria y al escucharlo recuerdo algo que ha dicho Fernando Ben\u00edtez, otro gran amigo m\u00edo que ha dedicado gran parte de su vida a documentar a los indios de M\u00e9xico: \u00abCada vez que muere un indio, muere con \u00e9l toda una biblioteca\u00bb.<\/p>\n<p>El ejemplo de Goytisolo en Marruecos y de Ben\u00edtez en M\u00e9xico debe ser emulado y alentado. Si todo lo que Ben\u00edtez ha escuchado en sus viajes entre yanquis, seris, huicholes, mayas, zapotecas, otom\u00edes hubiese quedado registrado, tendr\u00edamos no s\u00f3lo una historia m\u00e1s ni una historia diferente, sino una historia m\u00e1s completa, m\u00e1s nuestra. La heredad hablada de M\u00e9xico, como la de Marruecos, duplica y acaso sobrepasa la tradici\u00f3n escrita. Conocerla mejor nos permitir\u00eda tener una cultura literaria infinitamente m\u00e1s ancha que la consignada en historias, por lo general, lineales y escritas bajo la ilusi\u00f3n de que la literatura, como la cirug\u00eda o las telecomunicaciones, \u00abprogresa\u00bb. O\u00edr a un viejo cora contar su versi\u00f3n del nacimiento del universo o a un ni\u00f1o marroqu\u00ed entonar una canci\u00f3n aprendida a su madre en un jard\u00edn, es darse cuenta de la circularidad de la literatura, su regreso constante a los or\u00edgenes. El manantial fluyente de sus mitos y la riqueza inasible de sus metamorf\u00f3sis.<\/p>\n<p>Las salmodias de Mar\u00eda Sabina en Oaxaca, afortunadamente registradas a tiempo, son s\u00f3lo un ejemplo de la extraordinaria riqueza del patrimonio oral del mundo ind\u00edgena mexicano. Pero el mundo urbano de nuestro pa\u00eds no se queda atr\u00e1s en inventiva, gracia, capacidad alusiva y bravura. Como la plaza central de Marraquech, hay sitios del mundo ind\u00edgena mexicano y barrios de la capital mexicana que merecer\u00edan, si no consagraciones como la que ha alcanzado Djemaa el Fna, s\u00ed conservaciones, registros, atenciones que enriquecer\u00edan sobremanera el patrimonio cultural de nuestro pa\u00eds. \u00bfY qu\u00e9 decir de otros conglomerados, ind\u00edgenas, agrarios o urbanos de Am\u00e9rica Latina cuya habla constantemente se transforma, evapora y, aunque a veces se pierda, otras permanece o resucita? Buenos Aires, R\u00edo de Janeiro, Santiago de Chile, el Caribe entero, son sitios promotores de lenguajes extraordinarios, sedimentos a veces y a veces nubosidades del habla cotidiana, familiar, pol\u00edtica o econ\u00f3mica de\u00a0Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 que ejemplos como los dados por Goytisolo, Mayor y la Unesco proliferen. Pues se trata de algo m\u00e1s que de labores de anticuario.<\/p>\n<p>-Siento que he retrocedido medio siglo en el tiempo- le dije en Marraquech a Goytisolo cuando los dos entramos a la plaza de Djemaa el Fna.-No- me contest\u00f3 el novelista espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>-Nos hemos adelantado quinientos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Goytisolo tiene raz\u00f3n. La vida variada y fascinante de Marraquech es un pron\u00f3stico del mundo mestizo del siglo que se aproxima. Recoger las voces de ese mundo es escuchar las de nuestros nietos en un milenio que ser\u00e1 mestizo o no ser\u00e1.<\/p>\n<p>Carlos Fuentes es escritor mexicano.<br \/> * Este art\u00edculo apareci\u00f3 en la edici\u00f3n impresa del diario El Pa\u00eds, el mi\u00e9rcoles, 24 de septiembre de 1997<\/p>\n<p>[\/et_pb_accordion_item][\/et_pb_accordion][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Goytisolo Para aprehender de modo cabal la correlaci\u00f3n entre la cultura oral y la originada por la escritura debemos partir de nuestros conocimientos hist\u00f3ricos sobre ambas, antes de adentrarnos en los cambios introducidos por la invenci\u00f3n de la tipograf\u00eda en 1440 y la moderna revoluci\u00f3n inform\u00e1tica. 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